Pastoral Orientations on Human Trafficking

The Migration and Refugees Section of the Dicastery for the Service for Integral Human Development has published the document “Pastoral Orientations on Human Trafficking”, with the aim of understanding, recognizing, preventing, and eradicating the plague of the trafficking of persons, protecting the victims, and promoting the recovery of survivors. Read and dowload the document.

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Orientations pastorales sur la traite des personnes

La Section « migrants et réfugiés » du Dicastère pour le service du développement humain intégral a publié le document « Orientations pastorales sur la traite de personnes ». Il est le fruit d’un processus de consultation des Conférences épiscopales, des organisations catholiques et des congrégations religieuses. Il présente  des orientations pastorales pour comprendre, reconnaître, prévenir et vaincre le fléau du trafic de personnes, protéger les victimes et promouvoir la réhabilitation des survivants ». Lire le résumé du document en français.

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Misionera en una residencia de mayores

Estoy feliz y contenta. Rezo, ayudo, y cuando tengo tiempo libre veo algún partido de futbol… y cuando no duermo bien oigo música clásica.

Ayudo en lo que puedo. Visito a los enfermos de la residencia cuando están en el hospital y hago los recados para los que no pueden salir.

Hay personas que se sienten muy solas y necesitan hablar y voy a verlas para charlar con ellas. Estoy atenta a los que están enfermos. Les visito diariamente en la residencia o en el hospital, aún cuando están en cuidados intensivos. Les pregunto como están, si tienen visitas, si comen bien… Vamos, una conversación corriente. Me intereso por ellos. Les animo a comer si no tienen apetito. Si lloran les doy ánimos. Les escucho. Si son creyentes y quieren ver al sacerdote le aviso para que vaya a verles. Cuando muere alguien voy al entierro.

El otro dia una asistenta social me dice: “Laura, tú no sabes el buen papel que haces en el hospital”.

Estoy feliz y contenta. Rezo, ayudo, y cuando tengo tiempo libre veo algún partido de futbol… y cuando no duermo bien oigo música clásica.

Laura Fernández
Alcalá de Henares

 

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En los campos de refugiados de Malawi

Laura con refugiados mozambicanos en Malawi.

Estaba en Dedza (Malawi) , cerca de la frontera con Mozambique, donde había muchos refugiados mozambicanos que huían de la guerra. Eran campos del ACNUR. Cada uno tenía entre 5.000 y 10.000 personas.

Iba a los campos de refugiados para trabajar con las mujeres.  Les enseñaba a coser y hacíamos alfabetización en portugés y en chichewa (la lengua local), punto, clases de cuidado infantil,… Les daba una alegría enorme. Haciamos exposiciones en los pueblos para que la gente viera lo que habían hecho y para vender las prendas. Cuando acababan el curso iban al gobierno para que les dieran un certificado.

Los refugiados vivían en chozas de paja muy sencillas.

En Dedza tenia un grupo de mujeres refugiadas que hacían los uniformes de los niños para el colegio. Caritas Internacional ayudaba con el material. Luego los vendían y asi ganaban algo de dinero para comprar lo que necesitaban. Para ellas acabar una pieza era un triunfo. Una mujer lloraba de alegría, mostrándome una pieza hecha por ella a mano. ¡Qué orgullo sentían cuando hacían una camisa para su marido!..

Laura en el taller de costura para refugiados.

Tenía la colaboración de los responsables de los campos del ACNUR. Cuando hacíamos exposiciones me llevaban las cosas en el coche. Yo iba en la moto.

Muchos refugiados no estaban en campos, sino alrededor de los pueblos, pero como el terreno libre en Malawi es escaso, sus chozas de paja eran muy pequeñas.

Hacia salidas con las mujeres para que vieran algo diferente, para salir de esos ambientes cerrados en los que estaban. Las llevaba  a los pueblos de alrededor para encontrar otros grupos de mujeres, ya que hablaban la misma lengua.

En Malawi me ocupé también de los minusválidos mozambicanos. Les enviaba a los hospitales del gobierno para que les hicieran las prótesis, o se las ajustaran. Para asegurarme que les atendían bien, intentaba estar en el hospital ese dia.

Laura Fernández, HMNSA

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En los campos de refugiados de Burundi

Tras la guerra civil que se extendió a todo el Ruanda, después del asesinato de su presidente, junto con el del Burundi, más de 2 millones de personas huyeron  a los países vecinos: R.D. del Congo, Burundi y Kenia. Las hermanas también tuvimos que huir, a pesar del deseo de algunas de quedarnos con la gente que sufría. Fuimos a Bélgica donde hicimos una sesión para ayudarnos a rehacernos de los traumas vividos las últimas semanas. Después yo continué a España.

Yo quería volver a Africa para ir a trabajar a los campos de refugiados. Lo pedí a las superioras y me lo concedieron. Otras hermanas habían ido también a los campos, pero habían durado muy poco debido a las condiciones tan difíciles.

En julio de 1994 eran ya más de 2 millones los refugiados ruandeses que habían huido de su país. Iban al país más cercano. Numerosos de estos refugiados huyeron al Burundi, un país hermano pero muy pobre. Su presencia masiva y la llegada continua de nuevos refugiados ocasionó muchos problemas al ACNUR ya que grupos armados atacaban los campos para hacer huir a los refugiados.

Cuando a principios de 1995 la situación se estabilizó un poco en Ruanda volví a Butare. Allí pude constatar el saqueo que había sufrido nuestra casa, como la de la mayoría de los hogares de los que habían dejado el país. Todos los días veía a grupos de refugiados que pasaban por Butare, camino del Burundi cercano, distante tan solo unos 30 km. Se quedaban cerca de la frontera, ya que no había nada preparado para ellos. Mi deseo de serles útil aumentaba. Algunos refugiados nos pidieron que fuéramos a Burundi para ayudarles, donde tenían muchas dificultades a causa de los grupos armados que no querían acogerles.

Los jesuitas  habían trabajado por años con los desplazados internos burundeses. En cuanto una paz relativa se estableció en la región, el Servicio de Refugiados de los jesuitas (SRJ) se dedicó a la acogida e integración de los más de 500.000 refugiados ruandeses procedentes del Ruanda y de la Republica Democrática del Congo. Un grupo de religiosas nos unimos a ellos. Formamos un equipo de 3 Franciscanas misioneras de Maria, originarias de distintos países, y yo, Misionera de Ntra Sra de Africa, española. Eramos parte del Servicio de Refugiados de los jesuitas (SRJ)

Primero fui yo sola del equipo para ver la situación en un campo de refugiados cerca de Murore, donde había una comunidad de religiosas belgas, que aceptaron que nos alojaramos en su casa. Tenía que avisar al resto del equipo de hermanas si podían venir o no. Estaba contenta de estar allí, pero me preguntaba: “lo he deseado y me lo han concedido, pero ¿qué voy a hacer aquí?” Formabamos parte del equipo mas amplio de JRS y era un campo del Alto Comisariado de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR). En  Murore estuvimos solo dos meses porque al llegar numerosas ONGs para ayudar, grupos armados atacaban  y espantaban a tiros a los refugiados que tenían que huir de nuevo a zonas más seguras. Lo mismo hacíamos nosotras, aunque normalmente donde estaba el JRS no disparaban.

Las otras religiosas eran enfermeras y curaban en los hospitales. Yo no soy enfermera y no podía curar. Veía como otras ONG distribuían alimentos, curaban, etc. Yo me decía “¿qué puedo hacer yo? Sabía que habían vivido cosas terribles, inhumanas, un sufrimiento atroz… Estaban profundamente heridas, se rebelaban ante lo que les había pasado, ante la muerte de seres queridos… En el corazón de muchas solo había odio, deseo de venganza… Pensé que el hacer un trabajo manual que les pidiera atención les obligaría a no pensar en lo que habían vivido, a centrarse en el aquí y ahora…

Entonces pensé: Sé el kinyaruanda, me acerco fácilmente a la gente. Vi que había muchas mujeres con niños. Pensé “a las mujeres les gusta que su familia y ellas mismas vayan bien vestidos” Entonces dije “Voy a ocuparme a hacer vestidos e invitar a las mujeres que quieran hacer como yo.” Empecé con algo muy sencillo camisitas para niños pequeños. Eran fáciles de hacer, necesitaban poca tela y podía preparar unas cuantas para que las hagan las mujeres. No tenía nada: ni local, ni medios… Me preguntaba ¿Qué voy a hacer? Cuando tuve tela e hilo, Me senté en medio de una calle y me puse a coser una camiseta. Tan pronto como empecé una mujer me preguntó: “Que haces?” Le respondí: “Una camiseta para niño, ¿te interesa?” “ Si” me respondió” “¿Quieres coser tu también?” le dije. Me dijo “si”. Entró en su tienda de plástico, sacó una estera de paja, la puso en el suelo contra su tienda y allí estuvimos cosiendo las dos. El hablar su lengua me facilitaba el poder hablar con todas las mujeres, y decirles lo que tenían que hacer, pues algunas no sabían francés…   Al poco rato llegó otra, y hubo un dialogo semejante. Al final del día eramos 14 en el grupo. A la hora de comer dije: “Por hoy ya hemos cosido bastante”. Cada una puso su nombre en un papel que cosimos en un rincón de la camisita, recogí todo y nos marchamos. Al dia siguiente volvimos eramos 30!  Cuando los jesuitas vieron que había 30 dijeron: “comencemos un taller de costura con maquinas”. Al dia siguiente pedimos a las nuevas que esperaran a que tuvieramos el taller, pues en la calle el trabajo era ya difícil con un grupo tan grande. Al cabo de una semana un taller de madera y paja estaba preparado! Tenia 3 habitaciones: una para recibir, una coser, una para guardar el material. Pusimos maquinas, y ¡podían venir tantas como quisieran!

De camisitas pasamos a vestidos, pantalones de niño, uniformes, vestidos de mujer, etc… Les enseñaba a coser a mano. Coser parece muy inocente, pero poco a poco la costura iba cambiando a las mujeres. La costura les exigía mucha atención para hacer a mano los pespuntes por las líneas que yo había dibujado en su prenda… Mientras cosían no podían pensar en lo mal que les había ido, en lo que había sucedido, en la venganza que planeaban… Están pensando en el vestido, en la puntada que tienen que dar siguiendo la línea. Ya tienen una distracción. Su mentalidad cambia. El coser, es un proyecto, les abre a un futuro diferente, les da esperanza porque están contentas de realizar algo útil, que además les gusta…

Poco a poco iban haciendo prendas para los niños y hasta para sus maridos…. Cuando habían terminado una prenda la vendían. Se sentían útiles y eso les hacia estar orgullosas de ellas mismas, su autoestima crecía y sus maridos les apreciaban y las respetaban. Las que aprendían mas rápido, pasaban a coser a maquina… Así empezamos a hacer uniformes para los chicos y chicas que iban al colegio que los jesuitas tenían en el mismo campo. Cuando las mujeres habían cosido ya varios uniformes iban al mercado para venderlos y como eran de tela nueva y buena eran muy apreciados. Empecé también un taller de punto para hacer jerseys. Hacían también los jerseys de los uniformes.

¡El trabajo les estaba salvando! Se sentían útiles. Al estar ocupadas, los pensamientos se hacen más pacíficos. Estaban contentas y venían con ilusión al taller. Todas querían venir. Invité también a la gente del pueblo para que los que quisieran vinieran al taller. Los que eran sastres y modistas podían venir y hacer uniformes u otra cosa. Los jesuitas que recibían muchos dones para los campos de refugiados compraron maquinas de coser y que nos llegaban repletas de ropa que también vendían en el mercado. A veces recibíamos vestidos para los refugiados. Hacíamos una distribución para que las mujeres pudieran vestir a la familia. Se sentían tan orgullosas cuando veian a sus hijos y a ellas mismas bien vestidos. Eso contribuía también a su auto-estima.

Viendo lo sencillo que fue organizar el taller de costura, otros se animaron y otros talleres fueron surgiendo. Preguntábamos ¿quien sabe hacer cestos con sisal??? Tarjetas??? El ó la que sabía hacer algo tomaba la iniciativa de decirlo al equipo e iniciaba un nuevo taller. Los hombres empezaron un taller de carpintería. Había otro de cestos de sisal. Yo empecé un taller para los niños para hacer tarjetas postales con corteza de plátano o dibujando. Como ellos no podían salir del campo, los animadores íbamos a buscar los sisales. Ellos luego los golpeaban para sacar las cuerdas y las preparaban para hacer los cestos. Al trabajar juntas, se van conociendo y entablando amistades, o conociéndose mejor aunque procedieran de regiones distintas. Colaboraban entre ellas. Se enseñaban las unas a las otras. A pesar de lo que habían vivido y sufrido, tenían ganas de reír, de estar juntas…  En algún rato de descanso, en las fiestas comprábamos buñuelos y se les daba un postre o un café especial para festejar el dia.

Mientras cosían charlábamos y a veces teníamos grandes conversaciones y nos hicimos amigas. ¡Yo era muy feliz! Estuve 2 años y medio en distintos campos de refugiados, haciendo cosas similares. Los campos por los que pasamos, se iban acercando mas  a Ruanda, pues en Burundi la tensión también iba creciendo. Tanzania decidió cerrar sus fronteras en enero de 1996 a los refugiados ruandeses que huían de los combates de Burundi, donde echar a los refugiados era uno de los objetivos. En julio de 1996 Burundi forzó la repatriación de cerca de 15,000 refugiados ruandeses. Eso nos hizo cambiar de sitio varias veces.

El ultimo campo de refugiados en el que estuve en 1997 en el Noroeste del Burundi, más cerca de Ruanda y del Lago del Norte, había 37.000 refugiados.

Los hombres sabían el francés y algunos nos apreciaban mucho. Decían: “Gracias a los que estáis aquí (el equipo de JRS, religiosos y religiosas)”. Los del país nos decían “no traigáis extranjeros y solo cogían a los burundeses.

Trinidad Castro HMNSA

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Al servicio de los migrantes

Muchas de nuestras hermanas trabajan con migrantes africanos allí donde están.

En Madrid, Amparo Cuesta, Conchita González, Piedad Molina y Maruja Peral colaboran con” Karibu, Amigos del pueblo africano”, una asociación al servicio de los migrantes africanos.

La farmacia de Karibu

Amparo y Maruja en Karibu-médico acogen a los migrantes que están excluidos de la atención sanitaria pública. Maruja y Piedad acogen también a los que estudian español y Conchita ayuda a las mujeres con hijos en el mantenimiento de la casa de acogida en la que viven.

Begoña Iñarra es voluntaria en el hogar de Adoratrices para víctimas de la trata que están o han estado en situación de prostitución; colabora en el equipo inter-eclesial de sensibilización a la realidad de la trata y da formaciones sobre temas de Justicia, Paz, Integridad de la Creación.

Piluca Benavente da formaciones al liderazgo a congregaciones religiosas en  Europa y Africa. Julia Inmaculada Rodrigo hace un blog para los estudiantes de Mali.

Adoración Bolivar con el equipo de Caritas que trabaja con los temporeros.

En Logroño las hermanas colaboran con ‘Caritas Rioja’: Adoracion Bolivar en la acogida de los temporeros; Inmaculada Cerruti y Gloria Martinez en la acogida y escucha de las personas que llegan a Caritas; Inmaculada en una Caritas parroquial da clases de costura a mujeres. Gloria también acompaña a una familia marroquí y Marga Rodriguez ha empezado los cursos para incorporarse como enfermera a Caritas. Pilar Vigil acoge a los que buscan trabajo y acuden al ‘Café solidario’. En ‘Rioja Acoge’: Dora da clases de francés a los migrantes. Inma da clases de costura en Caritas y Teresa Ortiz y Carmen Garcia pertenecen a un grupo de costura en donde el fruto del trabajo se dedica a Africa.

En Malaga, Amalia Garcia, Juanita Gómez y Josefa Sanchez trabajan con Caritas, en la acogida de los que llegan con necesidades y problemas. Juanita acoge sobre todo a migrantes y gente con necesidad. Josefa también hace parte de un grupo que visita algunas personas en sus casas en nombre de Caritas. Juanita va también a hacer un servicio a  ‘Pozo Dulce’ un hogar de rehabilitación para los ‘sin techo’, donde ella plancha y visita a los enfermos. Josefa en el hospital Carlos Haya, visita a los enfermos africanos (del Magreb y Sub-saharianos), hace de intérprete entre el personal y los africanos que no saben español y a veces acoge a los que llegan en pateras y son hospitalizados.

Misioneras de Nuestra Señora de Africa en España

 

 

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Con los temporeros en Logroño

Adoración con el equipo de Caritas y algunos temporeros.

Desde mi llegada a Logroño colaboro con « Rioja Acoge », una organización para los migrantes que llegan a Logroño y su región. Necesitaban profesores para los cursos de español, y como iba con nuestro carisma decidí comprometerme en ella. Ahora ya conozco la organización y a sus voluntarios. Hay muchas actividades y servicios: asistencia social y administrativa, acogida de inmigrantes de cualquier religión, cultura, idioma y país, asesoramiento legal, visitas a presos, actividades recreativas para niños, adolescentes y adultos, y muchas otras iniciativas.
Muchos pakistaníes siguen el curso de español y me ha abierto la curiosidad por conocer su país. La presencia de familias pakistaníes en la región se remonta a más de 40 años. Le sigue en número los marroquíes, los subsaharianos de Senegal, Costa de Marfil, Mali y Burkina Faso.
Las relaciones son muy buenas y los estudiantes muestran un gran interés en el aprendizaje, lo que se manifiesta por su asistencia regular y su perseverancia. Para facilitar su integración en el entorno, se organizan presentaciones y debates sobre temas interesantes, así como visitas culturales.
Aunque mi presencia es profesional, también se crean lazos de amistad. Un día, una chica marroquí me ofreció una hermosa bufanda para mostrarme su gratitud. Otros escriben en pequeños trozos de papel sus direcciones y números de teléfono invitándome a visitarlos. Esto es un reto para mí como misionera « enviada a compartir la Buena Nueva y a construir el Reino de Dios ».
También colaboro con “Caritas” en la acogida a los temporeros. Muchos de los migrantes que llegan a Logroño vienen en busca de trabajo en la agricultura, pues al ser una región agrícola necesitan muchos obreros temporales que se les llama “temporeros”. Les atendemos en sus necesidades, que son muchas y variadas.
Desde que acepté la invitación de Paquita Reche para ir a la manifestación del « Día de África » con UMOYA, asisto a las reuniones de Umoya-Solidaridad con África Negra, tratando de agregar mi pequeño grano de arena.

Adoración Bolivar HMNSA

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